COLUMNA ESPECIAL
CIMARRONAS Y AKILOMBADAS
¡AQUÍ ESTAMOS, NO NOS VAMOS!
20 años de Campaña, 2026. ¡Cuidado! El machismo mata. Afiche en colaboración con la Red Chilena Contra la Violencia hacia la Mujeres.
Más que una consigna, es una declaración política de existencia: cómo las mujeres negras, afrodescendientes y migrantes tejemos comunidad frente a la violencia machista y racista para reclamar nuestro derecho a permanecer.
Por: Samkofa Mafla
Cuidado: el machismo mata.
Cuando observamos el afiche de la campaña “¡Cuidado! El machismo mata 2026” y leemos con fuerza la consigna “Cimarronas y akilombadas: ¡Aquí estamos, no nos vamos!”, no estamos frente a un simple eslogan propagandístico. Esta frase es una declaración política de existencia y permanencia.
Es gritarle a un país, construido sobre el mito histórico del blanqueamiento, que las mujeres negras y afrodescendientes no somos una presencia circunstancial ni una nota al margen en la historia de Chile.
Estamos, nos organizamos, resistimos, construimos comunidad y tenemos derecho a permanecer y transformar los territorios que habitamos.
El hecho de que esta campaña nazca desde la colaboración entre diversas organizaciones sociales le otorga un valor político inmenso.
Frente a los intentos del sistema por fragmentarnos, la articulación es nuestra respuesta. Las alianzas no son un mero gesto institucional; son una práctica política de solidaridad que nos permite amplificar las voces de quienes, por siglos, hemos sido empujadas a los márgenes, asimismo profundizar en la resistencia de visibilización de nuestras comunidades.
Contarnos para existir: la disputa por la presencia estadística.
Durante siglos, el relato oficial chileno intentó convencernos de que "en Chile no hay personas negras". Sin embargo, el reciente Censo de 2024 vino a desmoronar ese silencio: más de 174.900 personas, casi un 1% de la población, se autoreconocen como personas afrodescendientes.
Aparecer en estas cifras no es un mero dato demográfico; es el resultado de una ardua disputa por la visibilidad y el reconocimiento, impulsada por organizaciones como el Kilombo Negrocentricxs.
Durante el Censo, activamos la campaña “Orgullosamente Afro” desde diversos territorios levantaron una campaña vital para incentivar el autorreconocimiento, entendiendo que existir en los datos es inseparable de existir con derechos.
¿Qué significa ser contadas en un Estado que históricamente nos invisibilizó? Significa que contar también es una forma de cimarronaje.
La representación estadística abre la puerta a la disputa por políticas públicas antirracistas, nos permite exigir reconocimiento institucional y le dice al país entero que nuestra memoria no pudo ser borrada.
Cimarronaje: la desobediencia como defensa de la vida.
Cuando el afiche dice “Cimarronas” en femenino, reivindica una genealogía de mujeres que se negaron a someterse. El cimarronaje no puede ser entendido solamente como un fenómeno del pasado, como la persona esclavizada que huía al monte. Hoy, el cimarronaje es una práctica histórica y política viva, es la desobediencia frente a las estructuras de opresión.
Ser cimarrona en el Chile contemporáneo es negarnos a que nuestras cuerpas sigan siendo territorios de despojo y violencia. Es defender la vida propia y la de nuestras compañeras. Es exigir autonomía y el derecho a existir ocupando los espacios públicos y políticos que nos corresponden.
Cuando nos enunciamos como cimarronas, estamos honrando esa memoria ancestral de rebeldía, reconociendo que seguimos huyendo y desmantelando los cercos invisibles de una sociedad que nos margina, pero esta vez lo hacemos para reclamar el centro.
Akilombarnos: tejer comunidad frente a la hostilidad.
La resistencia cimarrona nos lleva inevitablemente al kilombo. ¿Qué significa akilombarse hoy, en Chile, siendo mujeres negras, afrodescendientes, migrantes y marikas? Lejos de ser una definición estática o lingüística, el kilombo es nuestro territorio político y comunitario.
En una sociedad racista y patriarcal, akilombarse es crear espacios de protección y cuidado colectivo.
Es el lugar –físico, afectivo y espiritual– donde podemos despojarnos de las miradas exotizantes o discriminatorias, para simplemente existir y organizarnos.
Nos akilombamos para contenernos, para enfrentar la colonialidad que aún rige nuestras vidas y para inventar formas de relacionarnos desde la ternura radical y el respeto. El kilombo no es un refugio pasivo; es la base de operaciones desde la cual construimos autonomía y preparamos nuestra intervención en el mundo.
Más allá de las categorías: machismo, racismo y binarismo colonial.
Hablar de violencia hacia las mujeres afrodescendientes requiere que rompamos las formas tradicionales de entender la opresión. No podemos hablar del machismo en Chile sin hablar, al mismo tiempo, de racismo y xenofobia. ¿Qué significa luchar contra el machismo cuando nuestros cuerpos están profundamente racializados? ¿Qué significa enfrentar el racismo cuando, además, habitamos una sociedad patriarcal?
Para las mujeres negras, afrodescendientes y migrantes, estas violencias no operan por carriles separados. La opresión se entrecruza y se refuerza. Históricamente, el sistema dominante ha utilizado el binarismo (blanco/negro, civilizado/salvaje, masculino/femenino) para clasificar y organizar la violencia colonial. Nuestras identidades, experiencias y formas de habitar el mundo incomodan profundamente porque desbordan estas categorías binarias que intentan determinar quiénes son sujetos legítimos de derechos y quiénes quedan en la periferia. Cuando nuestros cuerpos no encajan en lo que la colonialidad y el binarismo esperan, la violencia se agudiza. Por eso, resistir como mujeres negras implica cuestionar el racismo de ciertos feminismos hegemónicos y cuestionar el machismo al interior de las luchas antirracistas.
¿Qué significa esto para el kilombo? El derecho a permanecer.
La sumatoria de todas estas reflexiones desemboca en nuestra tesis central: cimarronaje es resistir, resistir es akilombarnos, y akilombarnos es organizarnos para ser visibles y disputar nuestra permanencia.
Para las personas afrodescendientes, el kilombo es esa forma de existencia política que nos permite enfrentar la violencia estructural sin caer en la victimización ni en la romantización de nuestro dolor. Somos herederas de una historia dura, pero también de una dignidad inclaudicable.
El afiche y su campaña son un reflejo de que las mujeres negras en Chile estamos tejiendo nuestro propio relato. Decir “¡Aquí estamos, no nos vamos!” es un mandato hacia nosotras mismas y una advertencia para el racismo institucional y social.
Estar aquí es resistir; ser visibles en el Censo es disputar poder; exigir un freno a la violencia machista que nos golpea es defender nuestro kilombo. Permanecer es, sin lugar a dudas, nuestra forma más contemporánea de cimarronaje.
Frente a un sistema que insiste en invisibilizarnos o expulsarnos, nosotras respondemos con la organización, con nuestras identidades plurales y con la fuerza colectiva de quienes se saben dueñas de su destino. El machismo mata, y frente a eso nos akilombamos, acuerpamos y resistimos. Porque estuvimos, porque estamos y porque, definitivamente, no nos vamos.
CONCLUSIÓN
20 años de Campaña, 2026. ¡Cuidado! El machismo mata. Afiche en colaboración con la Red Chilena Contra la Violencia hacia la Mujeres.
Sin embargo, a pesar de escribir y reflexionar detalladamente sobre nuestras reivindicaciones identitarias, desde Kilombo Negrocéntricxs creemos firmemente que estos conceptos deben trascender el discurso y aterrizar en acciones concretas.
Reconocernos como personas afrodescendientes implica también visibilizar las desigualdades históricas que han atravesado nuestras comunidades y disputar las estructuras que han sostenido nuestra exclusión, invisibilización y racialización. Hablar de identidad también significa hablar de derechos, justicia y reparación.
En este sentido, entendemos la reparación histórica como un proceso social, cultural, político y económico que permita reconocer las consecuencias del racismo estructural y avanzar hacia su transformación.
No basta con el reconocimiento simbólico de la presencia afrodescendiente en Chile: necesitamos políticas públicas, mecanismos institucionales y garantías concretas que permitan enfrentar las distintas formas de discriminación racial y asegurar el ejercicio pleno de nuestros derechos. La memoria, la identidad y la participación política deben estar acompañadas de condiciones materiales que permitan construir una sociedad verdaderamente antirracista.
Por ello, desde Kilombo Negrocéntricxs abogamos por un marco legal sólido, que reconozca y enfrente de manera efectiva el racismo estructural, junto con políticas que promuevan una convivencia social libre de racismo y discriminación. Apostamos por una sociedad donde nuestras existencias, saberes, historias y aportes sean reconocidos como parte fundamental de la construcción colectiva del país.
Porque la lucha antirracista no se limita a nombrar nuestras identidades: implica transformar las condiciones que históricamente han producido desigualdad y avanzar hacia una reparación que sea real, colectiva y con justicia.

Contarnos para existir: la disputa por la presencia estadística.
Durante siglos, el relato oficial chileno intentó convencernos de que "en Chile no hay personas negras". Sin embargo, el reciente Censo de 2024 vino a desmoronar ese silencio: más de 174.900 personas, casi un 1% de la población, se autoreconocen como personas afrodescendientes.
Aparecer en estas cifras no es un mero dato demográfico; es el resultado de una ardua disputa por la visibilidad y el reconocimiento, impulsada por organizaciones como el Kilombo Negrocentricxs.
Durante el Censo, activamos la campaña “Orgullosamente Afro” desde diversos territorios levantaron una campaña vital para incentivar el autorreconocimiento, entendiendo que existir en los datos es inseparable de existir con derechos.
¿Qué significa ser contadas en un Estado que históricamente nos invisibilizó? Significa que contar también es una forma de cimarronaje.
La representación estadística abre la puerta a la disputa por políticas públicas antirracistas, nos permite exigir reconocimiento institucional y le dice al país entero que nuestra memoria no pudo ser borrada.
Cimarronaje: la desobediencia como defensa de la vida.
Cuando el afiche dice “Cimarronas” en femenino, reivindica una genealogía de mujeres que se negaron a someterse. El cimarronaje no puede ser entendido solamente como un fenómeno del pasado, como la persona esclavizada que huía al monte. Hoy, el cimarronaje es una práctica histórica y política viva, es la desobediencia frente a las estructuras de opresión.
Ser cimarrona en el Chile contemporáneo es negarnos a que nuestras cuerpas sigan siendo territorios de despojo y violencia. Es defender la vida propia y la de nuestras compañeras. Es exigir autonomía y el derecho a existir ocupando los espacios públicos y políticos que nos corresponden.
Cuando nos enunciamos como cimarronas, estamos honrando esa memoria ancestral de rebeldía, reconociendo que seguimos huyendo y desmantelando los cercos invisibles de una sociedad que nos margina, pero esta vez lo hacemos para reclamar el centro.
.png)